Casa Raíz

Al lugar donde has sido feliz, debieras tratar de volver.

En un pequeño pueblo castellano, diseñamos una vivienda para una pareja de profesores universitarios que, después de años viviendo en el extranjero y sumergidos en el ritmo intenso de la gran ciudad, decidieron volver. Cambiar el ruido de los coches por el canto de los pájaros. Abrazar un ritmo de vida más pausado. Volver a lo que importa y echar raíces cerca de su gente y de su tierra.

La casa se organiza alrededor del jardín, concebido como un espacio íntimo y productivo que estructura la vida cotidiana. Un gran ventanal hace algo más que enmarcar el paisaje: diluye el límite entre interior y exterior, convirtiendo el jardín en una estancia más de la casa; tranquila y cambiante con las estaciones y con la luz del paisaje castellano.

Toda la vivienda se desarrolla en una única planta, eliminando circulaciones innecesarias y creando un espacio continuo donde cocina, salón y estudio conviven sin jerarquías, bajo una cubierta de madera que envuelve suavemente el espacio.

Desde el principio, entendimos que la eficiencia debía sentirse, no explicarse. Una envolvente térmica cuidadosamente diseñada permite a la vivienda alcanzar la máxima calificación energética, minimizando al mismo tiempo la demanda.

La calefacción se resuelve mediante sistemas sencillos y coherentes: una chimenea de leña y una estufa de pellets, utilizando biocombustibles que conectan con el entorno y favorecen una forma de vida más consciente.

Los espacios de almacenamiento vinculados a la cosecha se integran en distintos puntos de la vivienda, extendiendo la lógica del jardín al interior de la casa. Almacenar también forma parte del ciclo.

Un proyecto condicionado por un presupuesto ajustado y sin gestos superfluos, donde cada decisión responde a una forma de vida: volver, quedarse, cuidar.

Menos es más. La arquitectura también puede crecer desde la sencillez.