Home, let me come home.

Un promotor inmobiliario con el que colaboramos habitualmente nos encargó el diseño de una vivienda unifamiliar aislada en una parcela destinada a una residencia de 150 m².
Más allá de la estética, el diseño se fundamenta en la eficiencia energética y en la adaptación al clima. Los muros de gran inercia térmica ayudan a regular de forma natural la temperatura interior, mientras que la orientación se ha estudiado cuidadosamente para aprovechar al máximo la luz solar y las brisas predominantes.
Los sistemas de protección solar pasiva y las pérgolas trabajan en armonía con las estaciones, reduciendo la necesidad de refrigeración artificial. Una vivienda concebida no solo como refugio, sino como un espacio íntimo y cálido que dialoga con su entorno, donde materialidad, clima y confort encuentran un equilibrio.

La propuesta abraza una sensibilidad mediterránea, expresada a través de tonos cálidos y terrosos —colores terracota, madera natural y piedra texturizada— que crean una atmósfera atemporal, serena y acogedora.

En la cocina, la luz mediterránea se convierte en parte del diseño. Los muebles en tonos terracota y el pavimento de roble natural crean una paleta cálida y atemporal que conecta el interior con el paisaje. Líneas limpias, almacenamiento integrado y acabados cuidadosamente seleccionados reflejan nuestra manera de entender la arquitectura mediterránea contemporánea: un equilibrio natural entre función, confort y atmósfera.



En el baño, los tonos cálidos y terrosos crean una atmósfera serena y equilibrada. Los colores lacados se realizaron a medida para garantizar una completa coherencia con el conjunto del proyecto, mientras que cada pieza de mobiliario fue seleccionada tras una búsqueda minuciosa, priorizando la calidad y las líneas depuradas. El resultado es un espacio sereno, elegante y atemporal.
